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Claudia, una mujer que pierde a su hija Ángela de forma traumática, descubre, años después, justo cuando empieza a recuperarse del trauma, que puede que su hija aún siga con vida. "Mamá, soy yo, Ángela. ¡Por favor, ven a buscarme!". Esta es la frase estremecedora que Claudia escucha por teléfono y que le dará esperanzas. Claudia recurrirá entonces a Salazar, el inspector que llevó el caso tras la desaparición, y a Laura, la joven a la que Ángela, una niña especial con un extraño don, salvó la vida tras un grave accidente de tráfico. Juntos seguirán la pista de la pequeña a través de misteriosos lugares que esconden una verdad aterradora.
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Marco-Hugo Landeta Vacas
5 ago 2025
(CASTELLANO) El arranque no deja indiferente. Brutal, oscuro, seco. La serie no pierde el tiempo en rodeos: plantea el dolor de una madre, una pérdida insoportable y una llamada imposible. A partir de ahí, Los sin nombre te lleva por un thriller psicológico con toques paranormales que bebe de la película original de Balagueró, pero también se atreve a romper con ella para encontrar su propio tono. El resultado es irregular pero interesante, con momentos de gran fuerza y otros donde la historia se desinfla un poco. Uno de sus mayores aciertos es el enfoque más emocional. Aquí hay espacio para mirar de cerca a los personajes, especialmente a Claudia, interpretada con mucha solidez por Miren Ibarguren. Su rostro está lleno de heridas que no necesitan palabras. Se nota que ha salido de su zona de confort para construir a una madre quebrada, pero que no se rinde. A su lado, Rodrigo de la Serna aporta sobriedad y contención, aunque su personaje quizá merecía algo más de profundidad. Milena Smit, por su parte, funciona mejor cuando su historia se mezcla con lo sobrenatural que cuando se sostiene en lo cotidiano. La serie tiene una apuesta estética clara: tonos fríos, sombras que parecen pesar más que los personajes, música constante que a veces abruma y otras potencia. Hay escenas que podrían estar en una película de terror clásico, y otras que recuerdan más al suspense psicológico de los noventa. En algunos momentos, esa ambición visual complica el ritmo narrativo, con capítulos que parecen avanzar en espiral sin llegar del todo a donde apuntan. Pero cuando todo encaja, el resultado es hipnótico. Lo paranormal aparece de forma progresiva, como una grieta que se va abriendo en la realidad. No todo el desarrollo es igual de efectivo: algunas subtramas parecen añadidas con calzador y el misterio se diluye un poco al llegar al final. Aun así, hay escenas realmente poderosas, sobre todo cuando se cruzan el dolor real con lo inexplicable. Ese es el corazón de la serie: una madre que, entre la ciencia y lo imposible, elige creer que su hija sigue viva. Los sin nombre no pretende superar la película, y quizá por eso funciona mejor. Toma el material original como punto de partida y se arriesga a contar algo diferente. No todo cuadra, pero hay una intención clara de hablar de trauma, de redención, y de lo difícil que es dejar ir a alguien cuando ni siquiera sabes si se ha ido. Es una serie para quienes buscan más atmósfera que sobresaltos, más heridas abiertas que sustos. (ENGLISH) The opening doesn’t hold back. Brutal, bleak, raw. The series wastes no time with formalities: it dives into a mother’s pain, an unbearable loss, and an impossible phone call. From there, The Nameless unfolds as a psychological thriller with supernatural overtones. It draws from Balagueró’s original film but dares to take its own path. The result is uneven but compelling, with powerful moments alongside others that lose momentum. One of its strengths lies in the emotional depth. There’s space here to sit with the characters, especially Claudia, portrayed with grit by Miren Ibarguren. Her face tells the story of someone broken yet determined. She steps out of her usual roles to deliver a deeply wounded mother. Rodrigo de la Serna adds gravity and restraint, though his character could have been more fleshed out. Milena Smit fares better in scenes that lean into the supernatural than in those grounded in everyday reality. Visually, the show makes a strong bet: cold tones, shadows heavier than the characters, music that at times overwhelms, at others enhances. Some scenes evoke classic horror, others lean more into '90s-style suspense. Occasionally, this visual ambition affects pacing—some episodes spiral without fully landing. But when it works, the effect is magnetic. The supernatural creeps in slowly, like a crack forming in reality. Not all the subplots hit their mark—some feel forced, and the mystery loses steam near the end. Still, there are truly haunting scenes where grief and the unexplained collide. That’s the heart of the show: a mother who, between science and the impossible, chooses to believe her daughter might still be alive. The Nameless doesn’t try to outdo the film, and that’s why it works. It uses the original story as a springboard and dares to tell something new. It’s not flawless, but it aims to explore trauma, redemption, and the struggle to let go of someone when you’re not sure they’re really gone. It’s a show for those who prefer atmosphere to jump scares, emotional scars over horror tropes.
Salazar
2026
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