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Renta


Antoine y Olga son una pareja francesa que se instaló hace tiempo en una aldea del interior de Galicia. Allí llevan una vida tranquila, aunque su convivencia con los lugareños no es tan idílica como desearían. Un conflicto con sus vecinos, los hermanos Anta, hará que la tensión crezca en la aldea hasta alcanzar un punto de no retorno.
Director
Rodrigo SorogoyenGuión
Rodrigo Sorogoyen, Isabel Peña

Marco-Hugo Landeta Vacas
17 abr 2025
(CASTELLANO) Ver As bestas es una experiencia intensa. Durante buena parte del metraje te descubres apretando los puños, con el nudo en la garganta, deseando que esos dos hermanos miserables desaparezcan de la pantalla. Son de esos personajes tan odiosos que te remueven por dentro, no solo por lo que hacen, sino por lo que representan: el odio ciego, la ignorancia violenta, la cerrazón más salvaje. Lo peor de todo es que sabes que esto no es solo cine. Que está basado en un caso real. Sorogoyen maneja la tensión como muy pocos. No hay música forzada, ni subrayados innecesarios. Solo el peso del silencio, de las miradas, de las palabras que no se dicen y de las que se dicen con veneno. La escena en el bar, el interrogatorio disfrazado de charla, es de una incomodidad que pone los pelos de punta. Y cuando por fin llega la justicia —porque llega, aunque no del modo que uno espera—, sientes un pequeño alivio que no borra la amargura. El trabajo de Menochet es impecable, pero lo de Luis Zahera es de otro planeta. Da miedo sin necesidad de levantar la voz, sin hacer nada extraordinario. Simplemente está ahí, podrido por dentro, como una amenaza constante. Marina Foïs también deslumbra en una segunda parte que cambia el tono, pero no baja el nivel. As bestas es cine del que deja huella. No es una película amable ni cómoda, pero es poderosa, valiente y demoledora. Una de esas historias que no se olvidan, no solo por lo que cuentan, sino por cómo te hacen sentir. (ENGLISH) Watching As Bestas is an intense experience. For much of the film, you find yourself clenching your fists, a knot in your throat, wishing those two miserable brothers would disappear from the screen. They’re the kind of characters that get under your skin—not just because of what they do, but because of what they represent: blind hatred, violent ignorance, the most savage kind of stubbornness. And the worst part? You know this isn’t just fiction. It’s based on a real case. Sorogoyen handles tension like very few directors can. There’s no forced music or unnecessary cues. Just the weight of silence, of glances, of words left unsaid and those spoken with venom. The bar scene, that interrogation disguised as a casual chat, is so uncomfortable it’s chilling. And when justice finally comes —because it does, even if not in the way you expect— there’s a small sense of relief that doesn’t erase the bitterness. Menochet’s performance is flawless, but Luis Zahera is on another level. He’s terrifying without raising his voice, without doing anything showy. He just is, rotten from the inside out, a constant threat. Marina Foïs also shines in the second half, which shifts the tone but never drops in quality. As Bestas is the kind of cinema that leaves a mark. It’s not a pleasant or easy film, but it’s powerful, brave, and devastating. One of those stories you don’t forget —not just for what it tells, but for how deeply it makes you feel.

Diego Anido
Lorenzo
1982