

Renta


Bond recibe la misión de desenmascarar a Max Zorin, un misterioso empresario, y aparente espía de la KGB, que amenaza con dominar el mundo por medio de sus revolucionarios microchips. Aliado a poderosas empresas de tecnología punta, su objetivo es destruir la falla de San Andrés, provocando un terremoto de irreversibles consecuencias.
Director
John GlenGuión
Richard Maibaum, Michael G. Wilson, Ian Fleming

Marco-Hugo Landeta Vacas
27 ago 2025
(CASTELLANO) Hay películas que te marcan por el momento en el que las ves, y Panorama para matar es una de ellas. Con diez años quedé atrapado por la energía de Duran Duran y su tema principal, y quizá por eso siento un apego especial a esta entrega de Bond. Con el tiempo, al revisitarla, sigo viendo sus defectos, pero también su magnetismo ochentero. La película es un desfile de excesos: persecuciones imposibles, un villano histriónico interpretado por Christopher Walken y la siempre fascinante Grace Jones, que se roba cada escena con su presencia salvaje y ambigua. Todo en ella grita “años 80”, desde la estética hasta la música, y eso puede jugar tanto a favor como en contra según los ojos con los que se mire. Es cierto que Roger Moore ya estaba mayor para el papel, y que algunas escenas rozan lo autoparódico, pero aún así logra mantener el tipo con su ironía y estilo característico. Quizá no haya aquí grandes innovaciones narrativas, pero lo compensa con personalidad y un aire de espectáculo total. Vista hoy, Panorama para matar funciona como un cóctel de nostalgia y entretenimiento ligero. Puede que no sea la más sólida de la saga, pero sí una de las más recordadas por su estética pop y su capacidad para condensar toda una época en una sola aventura. Para mí, sigue siendo de las más disfrutables. (ENGLISH) There are films that leave a mark because of when you first saw them, and A View to a Kill is one of those for me. At ten years old, I was captivated by Duran Duran and their theme song, and maybe that explains my fondness for this Bond entry. Rewatching it years later, I still see its flaws, but also its irresistible 80s magnetism. The movie is a parade of excess: impossible chases, a flamboyant villain played by Christopher Walken, and the ever-fascinating Grace Jones, who steals every scene with her wild and ambiguous presence. Everything screams “1980s,” from the aesthetics to the music, which can work both for and against it depending on your perspective. Yes, Roger Moore was clearly too old for the role, and some scenes border on parody, but he still manages to hold his ground with his trademark irony and charm. The story doesn’t reinvent the saga, but it makes up for it with personality and sheer spectacle. Seen today, A View to a Kill works as a cocktail of nostalgia and light entertainment. It may not be the most solid entry, but it’s certainly one of the most memorable, condensing the spirit of an era into one adventure. For me, it remains among the most enjoyable.
Max Zorin
1997