

Trevor Reznik, un empleado de una fábrica, padece desde hace un año un grave problema de insomnio, un mal que él oculta y que le provoca terribles alucinaciones. Debido a la fatiga se ha deteriorado tanto su salud física como su salud mental. Repelidos por su aspecto físico, sus compañeros de trabajo primero le evitan, y después se volverán contra él cuando uno de ellos pierde un brazo en un accidente en el que Trevor se ve involucrado.
Director
Brad AndersonGuión
Scott Kosar

Marco-Hugo Landeta Vacas
16 ago 2025
(CASTELLANO) Hay papeles que marcan un antes y un después en la carrera de un actor, y lo de Christian Bale aquí es de otro nivel. Mucho antes de ponerse el traje de Batman, decidió someterse a una transformación física salvaje para dar vida a Trevor Reznik, un operario que lleva un año entero sin dormir y cuya existencia se ha convertido en un bucle de paranoia y remordimiento. Está tan demacrado que cuesta mirarlo, pero lo que realmente impacta es cómo transmite el agotamiento mental y emocional de alguien al límite de sus fuerzas. Brad Anderson construye un thriller psicológico que te atrapa poco a poco, con una atmósfera fría y opresiva que te deja la sensación de estar encerrado sin salida. La fotografía, cargada de tonos apagados, no hace más que alimentar la duda constante: ¿esto está pasando o solo existe en la mente de Trevor? La historia avanza sin prisas, dejando que la tensión crezca hasta un final que encaja como un guante, sin necesidad de artificios ni golpes de efecto gratuitos. Jennifer Jason Leigh y Aitana Sánchez-Gijón aportan humanidad al relato desde dos ángulos opuestos: una presencia más física y directa, la otra más luminosa y cálida. John Sharian, como el inquietante Ivan, añade esa incomodidad que nunca termina de irse. No es cine de sustos fáciles ni de acción desbordada. Aquí el malestar se va filtrando, hasta que te das cuenta de que llevas rato con el estómago encogido. Bale deslumbra con un trabajo que trasciende la transformación física y se mete bajo la piel. El Maquinista es un descenso incómodo a la mente rota de un hombre, un viaje que te acompaña mucho después de que la pantalla se quede en negro. (ENGLISH) There are roles that mark a before and after in an actor’s career, and Christian Bale’s work here is on another level. Long before donning the Batman suit, he underwent a brutal physical transformation to play Trevor Reznik, a machinist who hasn’t slept in a year and whose life has spiraled into paranoia and guilt. He’s so emaciated it’s hard to look at him, but what truly hits you is the way he conveys the mental and emotional exhaustion of someone pushed to the brink. Brad Anderson crafts a psychological thriller that draws you in slowly, with a cold, oppressive atmosphere that makes you feel trapped with no escape. The muted, desaturated cinematography only deepens the constant question: is this really happening, or is it all inside Trevor’s head? The story builds at its own pace, letting the tension rise until a finale that fits perfectly without resorting to cheap tricks or overblown twists. Jennifer Jason Leigh and Aitana Sánchez-Gijón bring humanity to the film from two very different angles: one more physical and direct, the other warmer and more luminous. John Sharian, as the unsettling Ivan, keeps that lingering discomfort alive. This isn’t about easy scares or frantic pacing. Here, the unease seeps in slowly until you realize you’ve been tense for a while. Bale delivers a performance that goes far beyond physical transformation, getting under your skin. The Machinist is an uncomfortable descent into a broken mind, a journey that stays with you long after the screen fades to black.
Marie

Marco-Hugo Landeta Vacas
16 ago 2025
(error)
2025