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Mensajes vulgares y burlones llenan los teléfonos de una adolescente y su novio. ¿Quién los envía y por qué? Este documental lleno de giros revela la impactante respuesta.
Director
Skye Borgman
Marco-Hugo Landeta Vacas
5 sep 2025
(CASTELLANO) Unknown Number: The High School Catfish arranca como un caso más de ciberacoso adolescente, pero pronto deja claro que la historia va mucho más allá de los mensajes anónimos que llenan un teléfono móvil. La directora Skye Borgman, que ya había demostrado su pulso en el género con otros documentales para Netflix, consigue aquí mantenernos pegados a la pantalla a base de tensión y desconcierto. La narración avanza con ritmo, alternando testimonios con recreaciones puntuales, y logra transmitir la sensación de agobio que vivieron las víctimas. La lluvia constante de mensajes, cada vez más agresivos, convierte lo cotidiano en una pesadilla y hace que el espectador se coloque de su lado sin reservas. El documental, además, sabe dosificar bien la información para que el impacto del giro llegue con toda su fuerza. El mayor mérito quizá no esté solo en la sorpresa final, sino en la manera de retratar cómo un entorno supuestamente seguro —una comunidad pequeña, una escuela, un grupo de amigos— puede convertirse en el escenario de un acoso devastador. Esa idea resuena mucho después de terminar el visionado. No todo es perfecto: a ratos se echa de menos un análisis más profundo de las consecuencias psicológicas, y en algunos pasajes parece darle demasiado espacio a la versión del agresor. Sin embargo, como experiencia de true crime, funciona porque golpea donde más duele: la confianza y la intimidad. En definitiva, Número desconocido es un documental que inquieta tanto por lo que cuenta como por lo que implica. Te atrapa con su misterio y te deja pensando en lo fácil que es que lo virtual invada y destruya lo real. (ENGLISH) Unknown Number: The High School Catfish begins as just another case of teenage cyberbullying, but soon makes it clear that the story goes far beyond the anonymous messages filling a phone. Director Skye Borgman, who had already shown her skill in the genre with other Netflix documentaries, manages to keep us glued to the screen through sheer tension and unease. The narrative moves with pace, alternating testimonies with brief reenactments, and it successfully conveys the sense of suffocation experienced by the victims. The relentless flood of increasingly aggressive messages turns daily life into a nightmare, and the documentary places the audience firmly on their side. It also knows how to pace the information so the twist lands with maximum impact. Its greatest strength might not only lie in the final surprise, but in how it portrays a supposedly safe environment—a small community, a school, a circle of friends—becoming the stage for devastating harassment. That idea lingers long after the film ends. It’s not flawless: at times, one wishes for a deeper exploration of the psychological aftermath, and occasionally it seems to give too much space to the perpetrator’s perspective. Still, as a true-crime experience, it works because it hits hardest where it hurts most: trust and intimacy. Ultimately, Unknown Number is a documentary that unsettles both for what it shows and for what it implies. It grips you with its mystery and leaves you reflecting on how easily the virtual can invade and destroy the real.
Macy Johnston
Self
2025