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En un mundo moralmente plano en el que la ropa tiene más sentido que la piel, Patrick Bateman es un espécimen soberbiamente elaborado que cumple todos los requisitos de Master del Universo, desde el diseño de su vestuario hasta el de sus productos químicos. Es prácticamente perfecto, como casi todos en su mundo e intenta desesperadamente encajar en él. Cuando más intenta ser como cualquier otro hombre adinerado de Wall Street, más anónimo se vuelve y menos control tiene sobre sus terribles instintos y su insaciable sed de sangre, que lo arrastra a una vorágine en la que los objetos valen más que el cuerpo y el alma de una persona.
Director
Mary HarronGuión
Bret Easton Ellis, Mary Harron, Guinevere Turner

Marco-Hugo Landeta Vacas
9 oct 2025
(CASTELLANO) Han pasado años y American Psycho sigue siendo un viaje incómodo y fascinante al corazón podrido de una época. Adaptar la novela de Bret Easton Ellis era casi imposible sin perder parte de su delirio y su profundidad, pero Mary Harron consiguió captar la esencia: ese vacío absoluto detrás del éxito, el lujo y la perfección superficial. Christian Bale está sencillamente brillante. Su Patrick Bateman es tan elegante como grotesco, un monstruo que se esconde tras un traje de diseñador y una sonrisa de anuncio. No hay nada exagerado en su interpretación: cada gesto, cada mirada al espejo, cada palabra que pronuncia, revela una obsesión por la imagen que roza lo demencial. Bale no actúa, encarna la locura pulida del capitalismo ochentero. Lo que más sorprende es su tono: una mezcla de comedia negra, horror y sátira que desconcierta y fascina al mismo tiempo. Hay escenas que te hacen reír justo antes de incomodarte, y eso es exactamente lo que busca la película: mostrar lo absurdo de un mundo donde matar o cerrar un trato parecen gestos equivalentes. La dirección de Harron es elegante y fría, casi quirúrgica, como el propio Bateman. No se recrea en la violencia; la sugiere, la deja fuera de plano, porque el verdadero horror está en la indiferencia. La fotografía, los colores pulidos, la música ochentera… todo parece un escaparate vacío. Puede que el libro sea más brutal y profundo, pero la película tiene algo único: convierte la banalidad del mal en espectáculo, sin glorificarla. Es incómoda, irónica y necesaria, una crítica tan válida hoy como en el 2000. En definitiva, una sátira afilada sobre el narcisismo, la identidad y el capitalismo. Quizás no sea perfecta, pero sigue cortando con la misma fuerza que el cuchillo de Patrick Bateman. (ENGLISH) Years later, American Psycho remains an uncomfortable and fascinating journey into the rotten heart of an era. Adapting Bret Easton Ellis’s novel was almost impossible without losing part of its madness and depth, but Mary Harron managed to capture its essence: the absolute emptiness behind success, luxury, and superficial perfection. Christian Bale is simply brilliant. His Patrick Bateman is as elegant as he is grotesque, a monster hidden behind a designer suit and a toothpaste smile. There’s nothing exaggerated about his performance — every gesture, every glance in the mirror, every word reveals an obsession with image that borders on insanity. Bale doesn’t just act; he becomes the polished madness of 1980s capitalism. What’s most striking is the tone: a mix of dark comedy, horror, and satire that both unsettles and fascinates. Some scenes make you laugh just before making you feel deeply uncomfortable, and that’s the point — showing how absurd a world becomes when killing and closing a deal carry the same weight. Harron’s direction is elegant and cold, almost surgical, like Bateman himself. She doesn’t linger on violence; she suggests it, keeping it just out of sight, because the true horror lies in indifference. The polished visuals, the immaculate colors, the 80s soundtrack… everything feels like an empty shop window. Maybe the book is more brutal and layered, but the film achieves something unique: it turns the banality of evil into spectacle without glorifying it. It’s uncomfortable, ironic, and still painfully relevant today. In short, a razor-sharp satire on narcissism, identity, and capitalism. Not perfect, but still cuts as deep as Patrick Bateman’s knife.

Josh Lucas
Craig McDermott
2019